RICITOS DE ORO
03/2012

Ricitos de Oro, aparte de tener un nombre ridículo que le pusieron los cachondos mentales de sus padres, era una niña bastante maleducada. Sí, los señores De Oro eran una joyita de progenitores. Porque, ¿qué niño mínimamente bien educado se metería en una casa ajena por el rostro, por muy vacía que estuviera? Pues Ricitos de Oro, mismamente, que, aprovechando que allí no había nadie, se introdujo en una cabaña que se había topado mientras paseaba por el bosque (qué manía tienen los padres de los cuentos, esa pandilla de inconscientes, con dejar pasear solos a los niños por esos bosques de dios, no lo entiendo).
Una vez en el interior, Ricitos observó que en la mesa habían tres tazones llenos de sopa. ¿Y se dijo a sí misma: “Uy, esto está habitado, mejor me voy”? Para nada. Ni corta ni perezosa, Ricitos probó de un tazón grande, que estaba muy caliente, de un tazón mediano, que ídem, y de uno más pequeño, la sopa del cual encontró a su gusto y se la zampó entera. Y ahí dejó la niña guarra las tres cucharas chupadas y un cuenco vacío.
No se sabe por qué clase de arrebato, pero Ricitos vio entonces tres sillas y sintió la imperiosa necesidad de sentarse en ellas, lo que hace deducir que la sopa se la comió de pie. Una niña asilvestrada, efectivamente. La primera silla era muy alta, la segunda muy ancha y la tercera era ideal, pero al sentarse, la vacaburra de Ricitos la rompió.
No penséis que entonces Ricitos salió de allí para evitar que el estropicio que estaba organizando fuera descubierto. La vida es para los valientes, así que Ricitos se introdujo en una habitación en la que habían tres camas. Sí: una grande, una mediana y una pequeña. Ricitos probó la primera pero, exigente como ella sola, la consideró demasiado dura. La segunda, demasiado blanda. Pero la tercera, sencillamente perfecta, por lo que allí se quedó Ricitos de Oro durmiendo plácidamente la digestión de la sopa dejando tras de sí un rastro de cucharas rechupeteadas, sillas rotas y camas deshechas.
En eso que llegaron los habitantes de la casa, que habían ido a estirar las piernas antes de comer. Se trataba de una familia de osos: papá, mamá y Manuel Fernando de todos los Santos, el pequeñín del clan. Papá oso, que con el tema de la comida poca broma, lo vio enseguida: “Alguien ha comido de mi sopa”, dijo. “Alguien ha comido de mi sopa también”, confirmó mamá osa. “¡Alguien se ha comido toda mi sopa!”, protestó el osito.
La familia fue a inspeccionar la casa y se topó con las sillas. “Alguien ha movido mi silla”, dijo papá oso, evidenciando una alarmante falta de visión periférica no viendo la silla rota que había a escasa distancia. “También han movido la mía”, corroboró mamá osa con la misma vista unidireccional que sólo les permitía ver lo suyo propio. “¡Dejaos de hostias!”, gritó Manu: “¡que a mí me han roto la silla, joder!”.
Así que fueron hasta la habitación y echaron un vistazo, fijándose, en una característica osuna hasta ahora desconocida, sólo en sus cosas. “Alguien ha deshecho mi cama”, dijo papá oso sin fijarse en esa niña rubia y gorda que estaba a tres metros en otro catre. “También la mía”, afirmó mamá osa que tampoco veía ni oía a aquella niña roncando. Manuel Fernando de todos los Santos no daba crédito a la ceguera de sus padres: “Pero... ¡¿Estáis ciegos los dos o qué os pasa?! ¡Que hay una tipa durmiendo en mi cama, coño! ¡¿Os hago un plano?!”.
Fueron los gritos del menor de la familia de osos los que despertaron a Ricitos de Oro. Y concluye oficialmente el cuento en que, rápida como una centella a pesar de ir rompiendo sillas con su culazo por ahí, escapa de los osos y vuelve a casa corriendo. Y mi pregunta amarga es: habiendo como hay cuentos infantiles tan bestias por ahí en los que la sangre corre a mares, ¿tenían que dejar precisamente con vida a esta niña entrometida y educada como un perro callejero? O sea: ¿la pobre cerillera muere alucinando y esta salvaje se libra? Joder, son tres osos contra una niña obesa, mira que era fácil. Qué injusta es la vida, verdaderamente. Hasta en los cuentos.

LeandroAguirre©2012

 

 

 

 
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