AUGUSTO

NOMBRE: Cayo Julio César Augusto.

ÉPOCA: Una en la que era más fácil morir envenenado que morir de viejo. Pero mucho más.

CURRÍCULUM: Augusto fue, técnicamente, el primer César, es decir el primer emperador de Roma. Ya, Julio César también fue César, pero en su caso no tenía ningún mérito porque ya se llamaba César antes de ser César. Qué lío, ¿no? La cuestión es que Augusto fue el designado en el testamento de Julio César para sucederle y, tras varios impases en forma de triunviratos, guerras civiles y de hostiazos con el Senado, finalmente le sucedió. Y le sucedió formando el Imperio Romano tal como lo recordamos ahora y tal y cómo lo vio el mundo durante unos cuantos siglos.
¿Los logros de Augusto? El primero y principal el de sobrevivir, porque, vamos, sólo permanecer con vida en aquel mundo en el que no te podías fiar ni de, literalmente, tu propia madre ni mucho menos de tu propio cónyuge, ya tenía un mérito incuestionable. El segundo logro, por idénticos motivos que lo anterior, fue el de perdurar unos cuantos años en el poder cuando lo más fácil era que te metieran cicuta en la sopa en cualquier cena de Dios. Perdón: de los dioses. De hecho, el reinado de 14 años de Augusto fue un récord que ninguno de los emperadores posteriores fue capaz de superar, cosa que tampoco es anormal si tenemos en cuenta que muchos de ellos, como Calígula o Nerón, iban pidiendo a gritos por la vida que por favor alguien los asesinara, a poder ser con mucho sufrimiento. Aparte de esas dos cosas, que son insuperables, Augusto no se podía estar quieto y conquistó media Hispania, lo que ahora es Suiza, Baviera, Austria y Eslovaquia, que entonces no se llamaban así, más Hungría, Croacia y etcétera hasta llegar hasta Turquía, que tampoco se llamaban así pero es para entendernos. Cierto es que no son las conquistas más espectaculares que hemos visto en la Infrahistoria, pero, teniendo en cuenta que Augusto era un señor que tenía que estar mirando a su espalda cada cinco segundos para que nadie le apuñalara, no deja de tener su mérito tener tiempo además de conquistar todos esos sitios.

MOMENTAZOS:
–Cayo.
En realidad, lo más curioso de Augusto es que ni de coña se llamaba Augusto. Ha pasado a la posteridad con ese nombre porque es el diminutivo de Cayo Julio César Augusto, que es el nombre que eligió como emperador, pero ese señor nació como Cayo Octavio Turino, que, como cualquiera puede observar, lo único que tiene en común con Cayo Julio César Augusto es el Cayo. Yo, de hecho, estoy pensando en cambiarme el nombre a Cayo Claudio Germánico Evaristo Camilo José, que es mucho más aparente que el que tengo ahora. Ya os iré informando.
–Triunvirato. Antes de erigirse como emperador único e indiscutible, Augusto tuvo que superar un par de trabas. La primera se llamaba Marco Antonio y la segunda Lépido, que también querían ser emperadores y con los que tuvo que acordar un triunvirato para evitar una guerra civil que de todas formas se acabó produciendo. El punto culminante de toda esta movida sucesoria se produce en Accio, donde las tropas de Augusto, por aquel entonces Octavio, vencieron a las de Marco Antonio y Cleopatra. Después, como no le gustaba dejar el trabajo a medias, los persiguió hasta Alejandría, donde la pareja, con buen criterio, decidió suicidarse porque aquello lo tenían más perdido que un partido del equipo de mi pueblo contra el Bayern de Múnich. Augusto, por si las moscas, ordenó ejecutar también a todo lo que oliera a Marco Antonio y Julio César, niños incluidos. ¿Lépido? Un tipo con ese nombre no podía ser emperador de Roma jamás de los jamases, no jodamos. Qué poco glamur, por favor.
–Siempre Livia. La tercera esposa de Augusto, Livia, tendrá algún día su propia Infrahistoria, no me cabe duda, pero mientras la voy sacando cada vez que tengo ocasión. ¿Era realmente tan mala como se la retrata por ahí?; ¿se cargó realmente a todo el que pudiera ser un obstáculo para que su hijo Tiberio acabara siendo emperador, como así acabó sucediendo?; ¿es cierto que los Corleone o los Soprano son unos aprendices de parvulario a su lado? Se desconoce con certeza, pero, aunque sólo la mitad de lo que se cuenta sobre Livia sea cierto, es para ponerse de rodillas. Por ejemplo, se especula con que fue ella misma la que envenenó a Augusto, pero bien podrían ser cosas de la plebe, que, ya se sabe, es muy chismosa.

EPÍLOGO: Un superviviente de verdad, y no el mierda de Rambo.

LeandroAguirre©2013 (revisión 26/08/2014)

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